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miércoles, julio 27, 2016

PSICOPREVENCIÓN FATIGA FÍSICA Y FATIGA MENTAL

Psicoprevención, fatiga física y mental.
¿Por qué debemos reconocer la fatiga? Fundamentalmente, por sus importantes repercusiones personales, económicas y materiales. La fatiga causa errores en cualquier actividad humana, desde conducir automóviles hasta jugar un partido de tenis. En el trabajo puede afectar negativamente a las capacidades físicas y mentales (análisis de datos, toma de decisiones, concentración…). Convierte al mejor profesional en un trabajador inexperto que comete errores que, en principio, parecen inexplicables, sin que éste sea consciente de que su eficiencia es menor. Por eso, la fatiga es el paso previo a muchos accidentes laborales. Podemos definir “fatiga” como un estado de la persona relacionado con la duración de la tarea, producido generalmente por la actividad física y que afecta con diferente intensidad al rendimiento en el trabajo. Generalmente provoca una alteración en la ejecución de la tarea, cuantitativa y cualitativamente, por disminución de la energía y de la capacidad de concentración. Así, los primeros síntomas de aparición de fatiga son ralentización del trabajo, postergación de las tareas más críticas e inseguridad en la ejecución (se recurre a más comprobaciones o se utilizan más apoyos externos). Otra definición técnica de la fatiga es la de Barbany (1990): "Un estado funcional de significación protectora, transitorio y reversible (…), a través del cual se impone de manera ineludible la necesidad de cesar o, cuando menos, reducir la magnitud del esfuerzo o la potencia del trabajo que se está efectuando". Es decir, que la sensación de fatiga es un indicador de la necesidad de detener el esfuerzo y, por tanto, un importante mecanismo de recuperación del organismo. Si este sistema de alarma es ignorado, pone a la persona en situación de riesgo.


Esta es la explicación que, por ejemplo, se encuentra detrás de los llamados lapsus. Ocurren a aquellas personas que realizan trabajos que requieren toda su atención y vigilancia durante prolongados períodos de tiempo. Los lapsus o bloqueos actúan como mecanismos automáticos de regulación del organismo frente a la fatiga y su frecuencia y duración aumentan conforme se prolonga en el tiempo la tarea. Estos lapsus pueden generar desde una simple disminución del rendimiento en el trabajo hasta fallos graves. Y se ha comprobado que, pese a ser un mecanismo de defensa, no logran un verdadero descanso ni recuperación del organismo. Existe una relación inversa entre la sensación de fatiga y la motivación en el trabajo, es decir, que un trabajador poco motivado sentirá antes los síntomas de fatiga que otro con alta motivación. La explicación reside en las energías que cada uno de ellos está dispuesto a destinar a la tarea. Esto puede llegar a provocar, en casos de muy alta motivación, que se sobrepase el umbral del agotamiento. Tipos de fatiga La Psicosociología de la Prevención (disciplina que se ocupa de la prevención de los accidentes de trabajo mediante técnicas de intervención basadas en la psicología y la sociología) se ocupa de la fatiga humana ocasionada por el trabajo y elabora técnicas para su erradicación, reducción y/o control. Lo primero es reconocer los diferentes tipos de fatiga que existen. Según su origen, sistemas y órganos a los que afecta, se habla principalmente de fatiga muscular, fatiga sensorial (visual, auditiva, etcétera), fatiga psíquica y fatiga mental. Fatiga muscular: Sucede cuando la tarea requiere la estimulación constante de un músculo o un grupo muscular. La contracción progresivamente se debilita y, en casos extremos, se niega a responder. Se relaciona con la merma de oxígeno y los efectos tóxicos del ácido láctico y del bióxido de carbono, que se acumulan durante el ejercicio. Fatiga sensorial: Resultado del esfuerzo de los sentidos (vista y/o oído, principalmente) por estar directamente relacionados con la tarea o por componentes del ambiente de trabajo. Se origina por una excesiva excitación del sistema nervioso. El ruido es el mayor causante de fatiga sensorial, junto a la inadecuación de la luminosidad y el colorido. Fatiga mental: Una alteración temporal de la eficiencia funcional mental, resultado de un exceso de tensiones y sobreesfuerzo del intelecto en el desarrollo de una tarea. Causa alteraciones neuro-psicológicas, disminución de la concentración, de la atención, de la capacidad de procesamiento y síntesis de la información, toma de decisiones... Se manifiesta, generalmente, por una progresiva pérdida de la capacidad de respuesta y cambio en la naturaleza y frecuencia de errores. Cursa con insomnio y/o irritabilidad, y se la relaciona directamente con alteraciones cardiovasculares palpitaciones, hipertensión etc. La sensación de monotonía, la hipovigilancia y la saturación mental son estados similares a la fatiga mental causados generalmente por el desempeño de tareas o actividades muy largas, uniformes o repetitivas. – La sensación de monotonía aparece en el desarrollo de tareas largas y repetitivas, y causa somnolencia, disminución del rendimiento e inestabilidad de la frecuencia cardiaca. – La hipovigilancia es el equivalente a la sensación de monotonía cuando se deriva de la realización de tareas de vigilancia. Como su nombre indica, se refiere a la disminución del rendimiento en estas tareas como consecuencia de un prolongado esfuerzo de atención y alerta, especialmente en actividades de detección y control poco variadas.


– La saturación mental se puede presentar en tareas o situaciones de trabajo repetitivas. El trabajador se autopercibe como estancado y considera que su esfuerzo no conduce a nada. Provoca ansiedad nerviosa, fuerte rechazo emocional del trabajo y otros síntomas adicionales como cólera, menor rendimiento y/o sentimientos de fatiga, y ganas de abandonar. Fatiga psíquica: Se genera en trabajos que exigen mucha responsabilidad y rapidez en la toma de decisiones. Se manifiesta en alteraciones de los estados de ánimo y, a la larga, en daños psicopatológicos. Fatiga normal y patológica Cuando se estudian problemas de fatiga mental o psíquica se persigue un doble objetivo: distinguir la fatiga normal de la patológica y corregir sus causas. Es lógico sentirse cansado de manera ocasional tras una larga e intensa jornada de trabajo o por un inadecuado descanso nocturno. Se considerará fatiga normal si se produce dentro de unos márgenes y en ciertas circunstancias, y si desaparece mediante el descanso habitual. Cuando la fatiga no desaparece con el descanso normal, puede ser un síntoma de alguna patología física o indicar alguna disfunción, y debería ser objeto de consulta con un especialista. La fatiga mental también puede surgir como expresión de la necesidad de modificar una situación laboral que no está adaptada a la persona que desempeña el trabajo. Si esto no se corrige, ese trabajador sentirá fatiga desde el comienzo de la jornada aunque haya descansado correctamente, o la sentirá después de la realización de actividades que en otras ocasiones no la producían. Con el tiempo, aparecerá la fatiga patológica (la conocida como fatiga crónica es uno de sus tipos).
En estos casos habrá que realizar un análisis mucho más profundo. El absentismo laboral de corta duración se relaciona frecuentemente con la fatiga mental o psíquica, ya que, sin tener una patología física identificada, la persona siente cansancio, dolores erráticos de tipo músculo-esquelético, dolores de cabeza, molestias digestivas, etc. Estas ausencias, que duran desde unas horas a pocos días, pueden servir como recuperación, pero volverán a repetirse si no se corrige la situación que provoca la aparición de la fatiga.

La carga de trabajo mental En términos de prevención, los tipos de fatiga no físicos se relacionan con el concepto de carga de trabajo mental. Se denomina así a la relación entre las exigencias intelectuales de un puesto de trabajo y los recursos personales de que dispone un trabajador para afrontarlas. Las exigencias intelectuales están relacionadas con la intensidad y duración del esfuerzo mental (horarios, pausas, turnos…), el tratamiento de la información (necesidad de procesar informaciones incompletas, toma de decisiones de mayor o menor rango...), las responsabilidades (competitividad, mantenimiento del trabajo, ventas, seguridad de otras personas) y el contenido del puesto de trabajo (planificación, control, evaluación, dirección…). A parte de las exigencias propias de la tarea, la presión sobre el trabajador puede llegar desde el entorno físico (por la iluminación, condiciones de calor y humedad, ruidos…) o desde la organización (por la estructura de control y comunicación, ambiente, cohesión, conflictos…). La tercera vía de presión llegaría desde fuera de la organización (relaciones con clientes, competencia, legislación…). Los recursos personales con los que un trabajador se enfrenta a estas exigencias son capacidades variables en cada persona, momento o circunstancias. Entre ellos, podemos citar la capacidad de aprendizaje, el autocontrol emocional, la motivación, las habilidades psicomotoras, la experiencia, la salud, la formación… Cómo prevenir la fatiga La prevención de la fatiga debe empezar por el diseño de las condiciones de trabajo y la definición de los puestos, algo que deben afrontar las organizaciones. 1. El diseño de las condiciones de trabajo debe conseguir la mejor adaptación posible a las características de las personas que lo desarrollan. Hay que empezar por un estudio de las condiciones ambientales, las necesidades de equipamiento o las posibilidades de distribución del tiempo de trabajo (jornadas y horarios). A partir de sus conclusiones, podrán tomarse medidas que vayan desde la eliminación de ruidos o la adquisición y correcta ubicación de mobiliario adecuado, hasta la mejora de los útiles de trabajo o la optimización de los sistemas de tratamiento de la información, pasando por la eliminación de jornadas muy largas, flexibilización de horarios, posibilidad de realizar pausas disponiendo de un lugar adecuado para ello, entre otros.

2. La definición del puesto de trabajo trata de dotarlo de tareas variadas y con significado para quien las realiza. Por ejemplo, se pueden acotar metas de trabajo parciales (objetivos específicos), vigilando siempre que los plazos no sean demasiado justos. Estas metas crean la sensación de que se terminan cosas, actúan como incentivo y marcan pausas naturales entre metas. Otras medidas positivas son procurar autonomía y, por supuesto, eliminar cualquier forma de presión psicológica en el trabajo. Las necesarias pausas El mejor consejo para prevenir la fatiga en los trabajadores es la distribución del tiempo de trabajo de modo que incluya la realización de pausas, entendidas como verdadera desconexión durante unos minutos de los asuntos laborales, incluso con un cambio de entorno físico. Si es viable, las pausas deben hacerse espontáneamente cuando el trabajador sienta su necesidad, pero en muchas ocasiones esto resulta imposible por cuestiones personales, técnicas u organizativas. Es entonces cuando habrá que considerar un sistema de regulación de los descansos. La cantidad, tiempo y frecuencia de las pausas durante la jornada dependerá de las condiciones y requerimientos del trabajo, pero no deberían obviarse las diferencias y preferencias de los distintos empleados (lo que para una persona puede ser una molesta obligación de interrumpir la tarea, para otra resultará una excelente pauta de trabajo/descanso). La resistencia individual a la fatiga Cada persona tiene una resistencia distinta a la fatiga que se ve determinada por su condición física (salud, edad…) y por sus hábitos. La alimentación, el descanso y el ejercicio no sólo son claves para una buena salud, sino que marcan la capacidad de resistencia a la fatiga. Alimentación. No debe menospreciarse su influencia sobre la resistencia a la fatiga. Una dieta desequilibrada puede provocar falta de energía, que hará que se reaccione más despacio y dará sensación de desfallecimiento y cansancio. También la ingesta irregular en horarios influye en la fatiga al provocar, entre otros, problemas de digestión o de alteraciones del sueño Descanso. Se acepta que un adulto necesita dormir unas ocho horas, que deben ser seguidas y, preferentemente, de noche. Pero cada persona tiene unas necesidades y hábitos de sueño, que forman su patrón de descanso. Cuando este se ve alterado, el sueño se vuelve menos reparador, como ocurre con los sistemas de turnos, que incluyen noches o alternan jornadas diurnas y nocturnas. Un descanso deficiente causa somnolencia y fatiga mental (problemas de concentración, irritabilidad, etc.). La falta moderada de sueño afecta a la capacidad de coordinación. Algunas medidas que ayudan a reestablecer una buena higiene de descanso son prescindir de las bebidas excitantes, no tomar bebidas alcohólicas, hacer ejercicio suave y respetar un horario. Ejercicio físico. La fatiga repercute de manera global sobre todo el organismo. Del mismo modo, el ejercicio físico puede mejorar tanto la capacidad de resistencia física como emocional, y está especialmente indicado para trabajadores sedentarios. Hacer ejercicio moderado, además de aportar beneficios físicos, descarga de tensiones emocionales y optimiza el descanso.

Ingeniero en Higiene y Seguridad Laboral: Pablo Torres
27 /07/2016
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